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La vida es un ratito: ¡damos tanto por hecho!

¿Te ha pasado que cuando recibes una mala noticia parecería que esa mala noticia no viaja sola, sino que a veces llega acompañada de una y otra más? Y, como si se hubiesen puesto de acuerdo, se juntan todas en un corto período de tiempo y entonces, ¿sientes que las emociones y sentimientos que estas noticias desencadenan, se vienen sobre ti no como una ola sino como un tsunami?


Lo que vas a leer a continuación está inspirado en hechos reales vividos en primera persona. Son sucesos que me sacudieron literalmente cual terremoto. El impacto fue mental, espiritual y físico. Sin embargo, a pesar de la dosis de sorpresa, desconcierto y tristeza que traían, quiero compartirte mi aprendizaje: los he recibido como un regalo de la vida para seguir entrenándome en este gran desafío que tenemos todos: vivir en bienestar emocional. Y bueno, no es un tema teórico nada más. Es algo que se lo debe integrar y aterrizar con la experimentación consciente en carne propia.


No es "lo que" sucede, lo que importa; sino cómo lo ves y cómo te lo cuentas a ti mismo


Como dije, este artículo ha sido producido por una persona de carne y hueso como tú. Me permito recalcarlo ya que hoy en día existen sistemas de inteligencia artificial que son capaces inclusive de escribir artículos que a simple vista no se pueden distinguir con facilidad si fueron escritos por un algoritmo o por un verdadero ser humano. Hecha la aclaración, me he sentido en la necesidad de plasmar varias reflexiones que me han surgido y ¡qué mejor hacerlo por escrito! De paso te invito a probar esta 'estrategia' cada vez que te sientas afectado o afectada por un "terremoto" o "tsunami" similar. Créelo... Es un mecanismo realmente liberador. Además, cuando una pena se comparte entre dos o más, pesa menos. Y como dicen por ahí: "el papel aguanta todo".


Primera reflexión: nadie tiene la vida comprada. Lo sabemos. Pero, ¿hasta qué punto lo tenemos bien claro? ¿Hasta qué punto lo tenemos integrado en nuestro comportamiento del día a día?





Por más tecnología que se esté creando actualmente capaz de hacernos imaginar incluso la probabilidad de la "inmortalidad", lo cierto es que en este preciso instante y en este preciso lugar, seguimos siendo tan frágiles y vulnerables en la inmensidad del universo en el que existimos.


"Estén preparados, porque nadie sabe ni el día ni la hora". Mateo 24:36


Hace pocos días recibí la noticia de la muerte inesperada de un amigo. Fue la "cereza en el postre" de una semana complicada. Acababa justamente de enviarle un mensaje por whatsapp para saludarle y concretar el café/encuentro que nos llevaría por fin a conocernos en persona. Un café que había sido postergado tantas veces por el tema pandemia y que en Nicaragua (el país donde resido) alcanzó un fuerte pico en contagios y fallecimientos el pasado mes de septiembre.


Nuestra amistad empezó en el 2019. Fue corta, pero cercana, a pesar de haberse desarrollado enteramente por whatsapp con apoyo de otras redes sociales. Adolfo era joven y muy emprendedor. Un talentoso artista y seguramente con muchas otras cualidades que no pude llegar a apreciar. De hecho, le conocí siendo el fundador del estudio de arte en el que aprendí un poco más de cómo usar mis óleos, acuarelas, acrílicos y plumillas. Desde entonces, solíamos saludarnos en nuestros cumpleaños, intercambiar artículos y conversaciones de temas de interés que teníamos en común.





Empecé mi día y mi mensaje saludándole con la alegría de siempre, pero como respuesta recibí: "Hola. Soy la esposa de Adolfo. Lamentablemente debo comunicarte que mi amado esposo ha fallecido".


No podía creer lo que leía. Fue un baño de agua helada. No pude evitar indagar un poco más. "Fue reciente y realmente inesperado. Jugaba basket y de repente se desplomó. Un aneurisma", me dijo su esposa. Y continuó confiándome su sentir, aun siendo la primera vez en la vida que hablábamos ella y yo.


Paré con las preguntas en ese momento por respeto a sus sentimientos y la dejé continuar. Terminamos el intercambio, sin antes reconocer y agradecerle de corazón el esfuerzo y su gesto de comunicármelo como lo había hecho. Francamente, me era mandatorio reconocerlo porque lo que la esposa de Adolfo estaba haciendo es lo que precisamente en este momento intento hacer yo también: "drenar" las emociones. Y hablar, escribir, dejarlas salir, mejor si es con calma, con amor, con ese amor capaz de aceptar lo que nos puede costar mucho aceptar, es válido. Es necesario. Es importante. Es saludable.


Como dice mi inspiradora amiga Silvia Escribano, Leader Coach experta en inteligencia emocional y felicidad organizacional, "nuestras emociones son una valiosa fuente de información. Las emociones son estados transitorios, que vienen y se van. Los sentimientos, en cambio, tienen una duración más larga en nuestro cuerpo y mente. Las emociones se dan de forma inconsciente y son muy rápidas. Los sentimientos se dan cuando interviene la consciencia y el darse cuenta". Quiere decir, que se necesita un tiempo demás para que un sentimiento se forme después de la irrupción de la emoción, cualquiera sea ésta.


En otras palabras, nuestras emociones -de efecto corto, pero impactante- dan paso a los sentimientos que se podrían derivar de ellas y, al contrario de las emociones, los sentimientos son de efecto más largo.


De ahí que hoy más que nunca, la regulación emocional es un tema en "spotlight". Es decir, gracias a los avances de la neurociencia estamos aprendiendo que la calidad de nuestra vida tiene una correlación directa con la gestión de nuestras emociones. En consecuencia, es CRUCIAL aprender a gestionarlas. Pero ¿cómo lo hacemos? Empecemos desde el principio, ¿qué quiere decir "gestionar las emociones"?


En la certificación de Chief Happiness Officer de Human Blooming de la que Silvia Escribano es directora, aprendí con profundidad que gestionar las emociones significa darse el tiempo y permiso de transitar por cada una de ellas. En otras palabras, reprimir o tratar de invalidar o anular cualquiera sea la emoción que sentimos, no entra en la 'fórmula' de gestión del bienestar y salud mental de la que hablamos.


Nuestras emociones aparecen para brindarnos información relevante sobre nosotros mismos. No podemos evitar que aparezcan, pero sí podemos detenernos conscientemente a observarlas y dialogar con ellas. De esta manera, activamos en nosotros la capacidad de "cambiarles el switch" y que podamos pasar de lo que sería una "reacción" a lo que es una "respuesta".







Es decir, volviendo al suceso personal que comentaba al inicio, para evitar que la tristeza, el impacto y desconcierto se apoderen de nosotros cuando alguna situación nos ha 'golpeado' repentinamente sobre todo, y así reducir el riesgo de que aquello nos conduzca a un estado de tristeza, angustia o ansiedad crónicos, o incluso a una depresión o a somatizarse en nuestro cuerpo de alguna manera, podemos intentar esta estrategia: detenernos a reconocer esas emociones e indagar su razón de ser con más profundidad desde nuestro interior. Esto nos permite activar un mecanismo poderoso de salud emocional y de bienestar físico y mental.


En resumen, cuando ciertas emociones irrumpen drásticamente en nuestra vida, tenemos dos opciones: contribuir a generar un círculo virtuoso, o contribuir a generar un círculo vicioso. Cualquiera de estas dos opciones tiene impacto directo en la salud física y mental de nosotros mismos y de nuestro entorno (recordemos que las emociones se contagian, todas sin excepción). Así que, cuando éstas se presentan, hacerse consciente de ellas con amor y aceptación, nos puede ayudar a transformarlas. Paso a paso, estaremos generando un nuevo hábito de bienestar. Tu mente, tu corazón y tu cuerpo lo sentirán y te lo agradecerán.


No lo olvides, ¡la vida es un ratito! No demos tanto por hecho.


Ana Daniela Chávez Espinosa

Being the change I want to see in the world ✨ Chief Happiness Officer | Mentor | Advisor | Wellbeing | Management | Education | Alliances | Innovation |

Social Impact | Digital & Cultural Transformation


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